abr 11 2012
La eFactura y la evolución tecnológica de la PYME
La facturación electrónica, sin lugar a dudas, será en el medio plazo un elemento habitual en el día a día de cualquier empresa. Se trata de la optimización de un proceso clave en las organizaciones, donde la eliminación de tareas manuales y del papel supondrá ahorros sustanciales en tiempos, costes y errores. Hoy por hoy, sin embargo, el mercado español está poco maduro en este aspecto. Las PYMEs, sobre todo, están poco preparadas para aprovechar las ventajas de la eFactura, donde la misma representa sólo la punta del iceberg de toda una serie de procesos que necesitan ser automatizados y optimizados a través de unas soluciones informáticas realmente útiles y fáciles de manejar.
Complejidad TI y estandarización
La incorporación de la factura electrónica a los procesos de gestión de las empresas no representa una complejidad tecnológica significativa, ya que la misma se podría haber abordado incluso con las TIs disponibles hace años. Desde el punto de vista técnico, los tres pilares para su aplicación: emisión, recepción y digitalización de facturas en papel, ya están resueltos. Los fabricantes de ERPs ya están desarrollando módulos concretos para la correcta emisión y recepción de las facturas electrónicas, y para su incorporación directa al proceso de gestión de facturación de las compañías, soportado por sus herramientas informáticas, donde la “cuestión caliente” es la coordinación entre el fabricante y la entidad certificadora.
Desde el punto de vista histórico, la eFactura tampoco representa algo totalmente innovador, ya que su precursor directo en el mercado – el EDI – ya está funcionando desde hace años. La amplia implantación de EDI en la gran distribución, por la presión de las grandes superficies, y su reducido uso en otros múltiples sectores donde el mismo podría haber aportado beneficios, nos lleva sin embargo al análisis de otro factor que hoy representa un punto de inflexión en la implantación masiva de la eFactura: la unificación de estándares.
La estandarización, clave para el desarrollo
La falta de un estándar claro en la aplicación de al eFactura afecta negativamente al desarrollo de las plataformas de gestión que la soportan, dado que obliga a los fabricantes de soluciones ERP a contemplar varios estándares de eFactura (lo que encarecería los desarrollos y, por ende, el coste de estos aplicativos de cara al usuario final) o a dar cobertura sólo a uno o a unos pocos de estos estándares (lo que limitaría su mercado). Se trata de un problema cuya solución necesita un esfuerzo no sólo nacional, sino también internacional o, por lo menos, al nivel de la Comunidad Económica Europea. En la actualidad, por suerte, los dos estándares más extendidos a nivel nacional e internacional parecen evolucionar hacia la convergencia.
La cuestión última para la adopción masiva de la eFactura, sin embargo, será la traducción de sus “promesas” en ventajas reales para todos los actores del mercado. Los beneficios de la facturación electrónica para las grandes compañías hoy resultan incuestionables, pero no siempre sucede lo mismo en la PYME.
Muchas de las medianas y pequeñas compañías, donde el volumen de facturas gestionadas no es tan elevado, ven la eFactura como una traba más en su difícil adaptación al mundo de las nuevas tecnologías, donde los costes podrían sobrepasar los beneficios (en términos de adquisición e implantación de nuevo software, del aprendizaje necesario para su manejo, etc.). A modo de ejemplo, la implantación de una herramienta para la digitalización de facturas en papel resulta difícilmente justificable en una empresa cuyas facturas impresas ocuparían unos pocos archivadores.
¿Cómo conseguir entonces que la Factura Electrónica sea ventajosa en la gestión de las PYMEs?
Volvemos a la necesidad de negar la implantación de las TIC porque “están de moda”, reivindicando la adopción de herramientas informáticas cuando las mismas realmente van a aportar valor a las empresas. Dicha premisa supone un reto y, a la vez, una oportunidad para los fabricantes de ERPs que deben ser capaces de crear herramientas de emisión, recepción y digitalización de facturas en papel efectivas, adaptadas a los procesos de facturación en la PYME, de fácil manejo para personal no experto y con un nivel de integración con los sistemas contables tal que el reaprovechamiento de los datos justifique la adopción de la facturación electrónica para la optimización de procesos y de las relaciones con la Administración.
En los últimos años, nuestro país había hecho un esfuerzo importantísimo en este aspecto, efectuando un cambio a la “española” para escalar varios puestos en los rankings europeos y mundiales. Sin embargo, la crisis también está afectando al desarrollo de la e-administración, como indican los últimos datos,
Actualmente en mayor impacto que puede tener la e-administración en los sistemas de gestión ERP son los relacionados con los temas tributarios. Además, la Agencia Tributaria ha sido y sigue siendo uno de los organismos españoles más avanzados en este aspecto, facilitando las obligaciones fiscales por Internet.
Como un paso más en el avance de la E-administración la Agencia Tributaria quiere mejorar su s
Y es que cuando hablamos de la gestión de los cobros y pagos, la mayoría de las Pymes afirman usar las ya tradicionales hojas de cálculo y poco más. Otro ejemplo clave para este bajo nivel de informatización en el ámbito de la tesorería, es por ejemplo el hecho de que para la ejecución de un proceso, como es la generación de remesas, un importantísimo número de estas organizaciones utiliza en exclusiva los programas de ayuda que le ofrecen sus entidades bancarias.
Aunque muchas organizaciones todavía no hayan entendido la importancia de la automatización y la lacra que suponen los procesos manuales, las entidades bancarias sí que lo tienen claro. Para facilitar los trámites y, sobre todo, para evitar que internamente se tenga que picar información, muchas de estas entidades ofrecen en la actualidad la posibilidad de que sus clientes se creen una pequeña base de datos en sus respectivas Webs, a través de la que se pueden generar y enviar las remesas correspondientes.
A continuación, enumeraremos las principales de ellas, hablando en primer lugar, de la pérdida de tiempo y esfuerzo en la introducción manual de la información.
Por otro lado, la necesidad de introducir información en múltiples programas diferentes y de manera manual, no sólo incrementa el peligro de error, sino que hace también que sea más difícil detectarlo y corregirlo. A modo de ejemplo, no es lo mismo tener que comprobar los datos en un único lugar o en una única fuente, al detectar cualquier anomalía, y realizar las pruebas y cambios correspondientes una sola vez, que tener que confirmar la veracidad de la información en todos los diferentes programas y hojas de cálculos que estemos manejando.
Para apoyar la popularización efectiva de las herramientas informáticas de gestión, y en especial de las soluciones de tesorería, en el ámbito de la pyme, hace falta derribar varios mitos o creencias equivocadas en este colectivo de empresa.
El uso de una solución para la gestión permite minimizar los costes de financiación, optimizar los recursos financieros, reducir los costes y tiempos de administración, y también llevar un mejor control de las operaciones con terceros. No en vano, algunas compañías usuarias de este tipo de soluciones han amortizado sus herramientas de gestión en un período inferior a los tres meses. ¿Por qué entonces un importante número de pequeñas y medianas empresas sigue sin contar con este tipo de herramientas?
Para llevar a cabo una política de recortes inteligente, necesitamos contar con el apoyo de tres herramientas básicas de gestión financiera: la contabilidad financiera, la contabilidad de gestión y el control de la tesorería.
Por otro lado y sin olvidar sus beneficios, el presupuesto contable también arroja dos limitaciones importantes para el asunto que tenemos entre manos: su principal elemento de control es la cuenta contable (o formulaciones de cuentas contables) y el principio del devengo, que hace que los movimientos de los presupuestos contables no coincidan con los flujos de caja registrados por la organización. Estas limitaciones hacen que, para desplegar una política de recortes realmente efectiva, al análisis financiero realizado hasta ahora, se le tenga que añadir un segundo aspecto, que es el presupuesto de tesorería.
Tener la información de gastos e ingresos al nivel del CIF y plantear unos recortes por partidas de gasto, sin embargo, no resulta suficiente para una organización que opera a través de diferentes centros o líneas de negocio. Por lógica y para realizar un análisis adecuado, antes de ‘cortar’, dicha organización también necesitará conocer los costes y rentabilidades desglosados por cada uno de estos centros o líneas de negocio diferentes. Esta información, de nuevo, puede obtenerse fácilmente con un programa de contabilidad analítica, que automatiza no sólo el análisis, sino la propia imputación de estos costes, con un reparto analítico desde la propia facturación.