abr 03 2013
Cloud computing: tecnología asequible para todos
Según un estudio hecho público recientemente por la consultora IDC, más de la mitad de las empresas españolas adoptaran el modelo cloud en su negocio a lo largo de 2013. Es más, la
consultora añade que la nube pública, crecerá anualmente un 33% mientras que la nube privada lo hará un 27%, hasta 2016. Por lo tanto, lo raro será, apuntan desde IDC, que las empresas no apuesten por esta opción.
Llevando estos datos al terreno de la Pyme, empresas que aportan el 65% del PIB global en España, los datos son también más que esperanzadores. De hecho, este tipo de organizaciones está apostando por el modelo de explotación de la tecnología basado en el cloud para mejorar su productividad y obtener un buen posicionamiento en un mercado tremendamente cambiante como el actual.
Son muchas las ventajas que las pequeñas y medianas empresas pueden obtener de la utilización de este modelo. Entre ellas, una mayor movilidad, más capacidad para analizar grandes volúmenes de datos y una mejor disposición para abordar nuevas oportunidades de negocio apoyándose en las TIC.
La seguridad sigue preocupando
Sin embargo, no todo son parabienes en este negocio. Algunas empresas, pequeñas y medianas y también grandes corporaciones, siguen sin estar convencidas de la seguridad que aporta la Nube. La seguridad sigue siendo así, una de las mayores preocupaciones que muestran las empresas a la hora de adoptar el modelo cloud, a pesar de que prácticamente la totalidad de los proveedores tecnológicos aseguran niveles de seguridad incluso superiores a los que aportan las propias empresas de manera interna, más aún, si hablamos de Pymes.
A pesar de todo, muchas compañías recelan de este modelo porque no pueden ejercer un control físico y a tiempo completo de sus datos. Por naturaleza, muchos directivos, incluso, muchos responsables de TI desconfían ante el hecho de que información particularmente sensible, se encuentre en manos de terceros. Pero si se analiza detenidamente, resulta un proceso mucho más seguro que el que se lleva a cabo internamente. Sobre este asunto ya hablamos anteriormente en este blog recomendando La “Guía para empresas: seguridad y privacidad del cloud computing” publicada por INTECO.
Tener información alojada en servidores externos puede suponer una ventaja de producirse algún desastre (robo, incendio, inundación…) que dañe o haga desaparecer los servidores que alojan los datos relevantes de cualquier organización, el hecho de tener alojados los datos en diversos servidores conectados entre sí, ofrece una garantía adicional.
Por otra parte, existen otras muchas “amenazas” informáticas que comprometen la seguridad de la información, en forma de virus, hackers, maleware, etc. Una vez más, el hecho de que un proveedor externo custodie y almacene esos datos evita muchos quebraderos de cabeza, ya que los proveedores están dotados con las últimas tecnologías.
No obstante, es fundamental que los datacenters cuenten con las normas de seguridad aceptadas internacionalmente para que puedan garantizar niveles de seguridad adicionales y preservar además la seguridad digamos, “física” de la información, al incluir réplicas de la misma en diferentes localizaciones geográficas.
En definitiva, las nuevas tecnologías bien aplicadas, permiten garantizar en términos generales, el acceso seguro a los datos y su protección ante un uso malintencionado. Por lo tanto, una vez que las empresas consigan salvar el escollo de la seguridad, que hoy por hoy es más un problema de concienciación que una realidad, el terreno para la adopción masiva del cloud computing estará más que abonado.
ropa más digital y fomentar las TI.
Si nos centramos en la factura electrónica, los datos de donde partimos, son que las empresas españolas que enviaban o recibían facturas electrónicas en un formato estándar adecuado para el procesamiento automático eran el 23% en 2011 (
Para hacer un cálculo aproximado de cuanto podríamos ahorrar en nuestra empresa deberíamos tener en cuenta algunos datos:
Uno de los errores más comunes que cometen algunas empresas a la hora de fijar una estrategia es centrarse en la definición, consecución y evaluación de sus metas comerciales. A veces incluso de una forma poco razonable, es decir, sin tener en cuenta, ni el entorno, ni los resultados globales de la propia organización, ni la relación con otras áreas como compras, almacén, contabilidad, etc. Además, los objetivos, no sólo los comerciales, sino los que tienen que ver con el resto de disciplinas dentro de la empresa, deben ser entendidos como una herramienta para definir esa estrategia.
En este sentido, los costes más habituales tienen que ver con los relacionados con la mercadería inmovilizada. Es decir, con los costes de disponer de mercancía que se ha comprado y que al tenerla “parada”, sin vender, no genera liquidez, no se está financiando a sí misma y, por lo tanto, precisa una búsqueda de financiación.
Algún ejemplo. Se puede dar el caso de que un proveedor ofrezca al jefe de compras un determinado producto a la mitad de su precio habitual, con condiciones de pago muy ventajosas, por encima incluso de las que tiene pactadas normalmente con él. Adquirir esa mercancía permitirá cubrir las necesidades de producción o ventas la empresa durante un año y medio. El jefe de compras decide aceptar la oferta. Pero lo hace sin tener en cuenta la opinión de su departamento comercial, por lo que no sabe si dispone de recursos o no para venderlo posteriormente, y sin consultar con su departamento financiero al que coloca una obligación de pago que éste deberá cubrir, sin saber si dispone o no de liquidez para hacerlo.
Para las primeras, las estructurales, la confección de objetivos es una herramienta de gran valor, que permite reflejar de forma departamental, cuál es la situación de partida y cuál es el rumbo que queremos imponer a nuestra organización. Es en este punto en el que los ERP, como sistemas de información ordenados que son, aportan grandes ventajas pues arrojan una visión global de la empresa, compuesta a su vez por una visión periférica que analiza el estado de situación de las diferentes áreas de la misma (financiera, compras, ventas, producción, almacén…) Y, lo más importante, lo hace interrelacionando la información para ver de qué forma, el trabajo de unos afecta, enriquece o entorpece, el trabajo de otros.
Así, hay que analizar los resultados desde un punto de vista financiero, y ver cómo han evolucionado las compras, cómo han evolucionado las ventas, si somos una empresa industrial cómo ha evolucionado nuestra producción, cuál es el estado de nuestro almacén, cómo han evolucionado nuestros cobros, nuestra tesorería, si disponemos de liquidez, etc. Y ha de hacerse además, interrelacionando los resultados con los del resto de áreas de la organización, de manera coordinada, para hacer que todos los esfuerzos se orienten hacia una misma dirección. Trabajar con un ERP para realizar este análisis permite obtener un marco orgánico para entender el entramado de la empresa.
Cuenta de resultados, pérdidas y ganancias, balances de situación, informes de origen y aplicación de fondos, son documentos que, por el hecho de ser estratégicos, deben poder documentarse con frecuencia y no sólo con carácter anual ya sea para el Registro Mercantil o para el Impuesto de Sociedades.
En estos momentos se habla mucho de los problemas de liquidez de las empresas. Sin embargo, muchos de esos problemas tienen que ver con una falta de alineación de la estrategia de negocio con la estrategia financiera que dé soporte a los objetivos estructurales de compras, de ventas, de inversión, etc. Por eso, es importante que toda la información de la empresa esté interrelacionada y coordinada de manera interdepartamental. Es decir que, los objetivos de compras deben establecerse teniendo en cuenta, entre otros aspectos, la capacidad financiera de la empresa para abordarlos. También los objetivos de ventas deberán apoyarse en la misma capacidad financiera para determinar, por ejemplo, el crédito que se va a conceder a los clientes.
Los elementos básicos que necesitaría una Pyme para sacar un máximo provecho de la tecnología de código de barras, serían los siguientes: en primer lugar, se precisan escáneres o PDAs capaces de leer dichos códigos (la mayoría hoy en día lo son) o lectores de códigos de barras inalámbricos, si queremos identificar fácilmente los productos en su recepción o expedición, o mientras nos movemos por el almacén. Es importante procurar su adecuada configuración, dado que existen varias posibilidades de personalización que no se accionan de manera automática.
En el dimensionado de la plataforma TIC, asimismo, destaca otra de las grandes ventajas de la tecnología de código de barras: su coste reducido. Y es que hoy en día, los equipos de lectura e impresión de códigos de barras son los más baratos del mercado, si los comparamos con tecnologías alternativas como el reconocimiento óptico de caracteres (OCR), con la banda magnética, con la Radio Frecuencia (RFID Tag.) o con las plataformas de reconocimiento de voz. Se trata, asimismo, de equipos muy flexibles, fáciles de conectar, de instalar y también de usar. Gracias a este último, el coste de la capacitación del personal en el uso de estas plataformas será prácticamente nulo para la organización, ya que su manejo básico consiste en la ejecución de dos sencillas comandas: ‘apuntar’ y ‘disparar’.